Autor/a: Manuel Suárez Suárez

Enero en Buenos Aires.

Manuel Suárez Suárez

En los primeros días de enero doña Macrigaita se marca unas metas que casi nunca cumple pero que la tienen entretenida hasta el final de año. Es una manera de ocupar la mente. No quiere convertirse en una jubilada al pedo. Aunque camina poco, solamente mueve el esqueleto cuando se patea las 20 cuadras que la separan del Centro Gallego, tampoco se excede con la comida. Sigue una dieta de poca carne, algo de pescado, los ñoquis del 29 y mucha verdura. Este mes es muy caluroso y con una humedad que ablanda los huesos. Va a salir lo mínimo, a comprar el pan en la esquina y a buscar unas papas el sábado en la feria del barrio. Para ahorrar en electricidad –que está muy cara– usa su viejo abanico que además de refrescar el ambiente le ayuda a ejercitar el brazo. Hace años que no pisa la arena de ninguna playa. Se conforma. Ahora el sol está envenenado y no le alcanza la jubilación para la crema protectora que se tiene que poner.

Va a estar bastante ocupada. Tiene un compromiso que asumió después de su visita al Centro Gallego el 29 de diciembre en que le llevó los ñoquis de la suerte al apreciado interventor Moyanito. Hablaron mucho del futuro del hospital. Le preguntó sobre la posible cesión de la gestión o venta del inmueble y sobre las deudas con los trabajadores. Iba muy intranquila pero salió convencida de que Moyanito es un muchacho con iniciativas. Es el mejor interventor para sacar al Centro Gallego de la embarrada en que lo metieron los derrochadores peronistas. Se enteró de que actuó con firmeza para realizar una gran limpieza de personal. No es fácil el sacar un clavo de mil empleados. No pudo ser condecorado por Triaca pero después del 11 de febrero será el propio presidente Macri el que le imponga la medalla al mérito de la Gran Orden Macrista por su patada en el orto a mil vagos que eran un lastre para el flote del Centro Gallego.

Doña Macrigaita se comprometió a intervenir en la asamblea del 11 de febrero. Quiere destacar el ejemplar desempeño de un interventor que algunos critican porque no saben nada de gestión hospitalaria. Tiene un cuaderno en la mesa en el que va escribiendo el relato de lo sucedido desde el feliz nombramiento de Moyanito como interventor judicial. Seguirá un orden cronológico en el que irá sumando elogios a un muchacho que empezó medio flojo pero que llegó a la asamblea extraordinaria con el problema resuelto. A pesar de tener escasa oposición ya que los miembros de las agrupaciones lo rodearon como fieles corderitos, igual tuvo que ponerse detrás de Estelita Tyson para que no le rompieran la jeta los grasa del sindicato organizador de la Olla Popular. No quiere dejarse nada en el tintero para que los asambleístas tengan información completa sobre el intensivo esfuerzo desplegado en la colocación de candados.  

Está revisando los apuntes para desgranar en la asamblea cada uno de los intentos de Moyanito para saldar la deuda con los empleados. Estamos hablando de 50 millones de pesos que el INAES no quiere poner. Hace unos días casi arregla con los hermanos Olmos –accionistas mayoritarios de la prestadora de salud “Logimed”-- que ofrecieron pagar la deuda en 5 mensualidades de 10 millones pero se frenó para evitar que en el hospital instalasen una antena de Crónica TV. El interventor, desesperado, se arrodilló ante Larratta para pedirle la ayuda de la SSS/ CABA. Parece que hay vía libre pero antes los interesados de “Centene Corporation” (propietarios de “Ribera Salud”) deben manifestar su buena voluntad depositando 6 millones de dólares en una cuenta secreta en Delaware. Se dice que nuestro presidente que es experto en el tema no se fía de una empresa que en Valencia estafó fondos públicos y fue condenada por ello. Por eso es que se está atrasando el acuerdo. Don Mauricio es precavido cuando se trata de defender los intereses de  emigrantes que sudaron la camiseta en la esquina de Belgrano y Pasco. 

En su intervención eximirá de toda responsabilidad al actual gobierno. Es evidente que con Cristina se quería mantener activa una mutualista repleta de vagos. En eso llegó Moyanito y se acabó la joda. Doña Macrigaita está convencida de que recibirá un gran aplauso por decir lo que muchos piensan pero se callan por temor a las delegadas sindicales que andan armando quilombo con mentiras sobre los salarios. Dicen que los que bancan a Moyanito cobran entero el sueldo pero los opositores solamente mil pesos por semana. Hay que ser muy boludo para creer que el interventor hace diferencias según el voto que metiste en la urna. Un ejemplo de imparcialidad lo tenemos en su relación con las agrupaciones. Aunque fueron corriendo a ofrecerse para colaborar, en calidad de buenos macristas, no les premió con ninguna bolsa extra de medicamentos y tampoco les arregló ninguna cita rápida para consulta médica. El interventor se merece los garbancitos que gana ya que el cierre de un hospital para negocio inmobiliario no es tarea para indecisos. Es  el buen pastor macrista que conduce al rebaño hasta su descanso final en la Chacarita.  

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