Autor/a: Manuel Suárez Suárez

El mar de las Malvinas en octubre

Manuel Suárez Suárez

Sean bienvenidos, una vez más, a este mi humilde hogar en el mar que rodea a las islas Malvinas. Veo que se mantienen unidos. Supongo que están pensando en que dentro de unos días, el 15 de noviembre, se cumplirá un año del “evento anómalo singular” que los trajo hasta aquí. Creo que si pudiesen volver a la superficie, serían personas bien distintas. Me refiero, en especial, a los que metieron la pata al votar a Macri. Es triste tener que morirse para enterarse de que el gobierno nunca los valoró. Se trata de que se pudran dentro de la chatarra que será el submarino en unos pocos años. Los borran de las noticias. No quieren que les manchen el lavado diario de las mentes ciudadanas que perseveran en su apoyo al Cornudismo Macricida.

 

Me cuesta mucho entender que se pueda ser tan mala gente. Nunca pensé que en la Argentina hubiese tanto envenenado que se niega a reconocer que votó a un destructor de su bienestar. Un ejemplo lo tenemos en los aumentos de los productos de la canasta alimentaria. En un año la harina se incrementó un 123,7 % y los fideos un 64,9 % y el arroz un 54,6 %. Los huevos te cuestan ahora un 53,4 % más y el aceite de girasol un 48, 9 %. ¡Despertá boludo o boluda macrista! Si gran parte de tus ingresos se te van en el morfe, no tendrás guita para cambiar los zapatos o comprarte una campera de verano. Tendrías que ponerte a llorar. Sos el gran gilastrún-beninún que autorizó ser intensamente empobrecido a la mayor brevedad.

 

Lo más curioso es ver que se ríen de sus propios votantes. Si escuchás a un ministro, no es un político o un técnico el que habla, es un predicador que te ayuda a entender que estás en la lona por culpa del bienestar pasado. No te dice que ayer tenía un millón de pesos en su cuenta y que hoy tiene un millón de dólares. Pero a vos no te interesa conocer sobre su patrimonio, no es de tu incumbencia. A vos lo que te preocupa es que los “villeros” no lleguen a la universidad. En eso podés estar tranquilo, ya que la inversión (no es un gasto) en Educación descendió un 27 % desde que pusiste de presidente al Capobastone de la Santa en Argentina.  Ahora ningún negro atrevido va a acercarse al lugar reservado para los que más tienen que son los que tienen que prepararse bien para sacarte hasta el último vintén de tu billetera de súbdito cornudo.

 

Creo que ustedes, los 43 hombres y Eliana, se acuerdan algo de la historia argentina que estudiaron en secundaria. Si hablo de Nicolás Avellaneda –el presidente electo más joven, tenía 37 años– les viene a la memoria su gran logro que fue la aprobación de la ley de Inmigración en octubre de 1876. Me pude venir acá desde Galicia porque el tucumano don Nicolás abrió las puertas del país a las manos generosas de agricultores y marineros de la vieja Europa. Quiero piensen en la siguiente reflexión de Avellaneda: los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la memoria de sus destinos. Es una manifestación de carácter ético-humanista que difiere totalmente de las claras expresiones racistas de Sarmiento. Estoy pensando en el “olvidadizo” votante macrista.

Bueno, se acabó el chamuye. Vamos a morfar. No quiero que se enfríe el caldo, típico gallego, que les preparé con verduras patagónicas. Traté de hacerlo igualito al que hacía mi madre en Fisterra. Es el responsable de una infancia feliz en la orilla del mar. Le puse un único ingrediente gallego que, desde el Puerto de San Julián, me envía mi paisana Finita. Es el unto que le da un sabor particular. Espero que vuelvan dentro de un mes. No podemos bajar los brazos. Hay que seguir luchando contra el interesado silencio informativo de un desvergonzado gobierno que oculta sus delitos para que no se le corte el afane. Agradezco la visita y hasta la próxima.


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