Autor/a: Manuel Suárez Suárez

El mar de las Malvinas en noviembre

Manuel Suárez Suárez

Sean bienvenidos a mi humilde hogar en el mar de las Malvinas. Los veo desesperanzados, desmejorados y desmoralizados. Los compadezco. El 15, día de San Eugenio, se cumple un año del hundimiento del submarino en el que prestaban servicios como miembros activos de la Armada Argentina. Como ya comenté, es triste tener que ahogarse para poder salir de la pichicata macrista. Ustedes sufren al ver que después de un año, aún hay familiares que siguen intoxicados con las mentiras de un gobierno que oculta la verdad y no se arrepienten de haberle creído al gran candidato trucho que prometía alegría para todos.

Me gustaría preguntarles si vieron pasar por encima del submarino al barco “Seabed Constructor” que dicen está encargado del rescate. Aunque sabía la respuesta, lo quise confirmar para que no haya dudas. Estamos siempre en lo mismo. El desgobierno hace el paripé de buscarlos. La realidad es que no quiere que se destape su ilegal matufia con fuerzas armadas extranjeras. El desprecio a los familiares es manifiesto ya que toman a miles de ciudadanos por boludos. Es cierto que tienen de su parte a muchos abducidos que se morfan el veneno del resentimiento como si fuera un café con leche.

Ahora resulta que la empresa estadounidense “Ocean Infinity” con sede en Tejas, labura gratis. Se desplaza hasta el golfo de San Jorge para colaborar en el rescate de unos pobres infelices tripulantes de un submarino que se hundió porque tuvo mala suerte. El gobierno informa que la empresa cobrará 7,5 millones de dólares pero solamente si encuentra al submarino. Es evidente que nos consideran unos imbélices perdidos. Me estás diciendo que un barco con más 50 tripulantes y con la más alta tecnología (tiene 8 minisubmarinos robotizados) no cobra por sus servicios. Me querés hacer creer que es lo mismo que cuando se establece un acuerdo para la búsqueda de un tesoro en un antiguo galeón que está perfectamente localizado en aguas jurisdiccionales.

La desfachatez del gobierno no tiene límites. Se hacen los preocupados y se inventan lo de subir al barco a cuatro familiares en calidad de veedores. ¡Hay que joderse, che! Los familiares no tienen conocimientos de navegación, como es lógico, así que no van a ver nada. Es un engaño más. La empresa cobra millones por no buscar porque el submarino está perfectamente localizado desde el día en que fue torpedeado. Ustedes conocen la profundidad máxima en el golfo de San Jorge que no pasa de los 101 metros y los minisubmarinos robotizados pueden bajar a 6.000 metros de profundidad. Claro está que al nabo macrista no se le puede comentar nada que vaya en contra de la mentira oficial.

Bien, antes de pasar a la merienda, les pido un minuto de silencio en homenaje a las familias que allá arriba estarán encendiendo velas para alumbrarles el camino de vuelta a casa. Espero que las castañas que preparé estén bien asadas. Es así como celebramos la fiesta del San Martiño (11 de noviembre) en mi pueblo marinero de Fisterra. Se le llama “magosto”, es época de entrar en el invierno y hay que fortalecerse. Espero verlos el mes que viene para despedir el año. Los abrazo a todos en hermandad solidaria y les pido que no se rindan ya que, antes o después, los cobardes del autoritario desgobierno recibirán su merecido castigo. Chau, nos vemos.


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