Autor/a: Manuel Suárez Suárez

El mar de las Malvinas en julio

Manuel Suárez Suárez

Bienvenidos a este mi hogar definitivo en aguas argentinas. Veo que el grupo sigue unido. Supongo que se convencieron de que son 44 insignificantes miembros de la Armada de la República Argentina. Desde aquel fatídico 15 de noviembre el gobierno macricida no movió un milímetro sus falsedades interesadas. Es asqueroso que actúen así (lo afirman ahora que están acá abajo) pero va en la línea de robo, destrucción y saqueo de una sociedad que le erró feo al elegir a unos PRO del afane con alegría. Los miro a la cara y sin equivocarme, los divido en dos grupos bien definidos. El que votó a Macri expresa la derrota y el que no lo votó expresa la furia. El votante, llora y el no votante, putea. Son formas de desahogo. Al estar muertos, pueden al fin entender lo que decía el gran neurocientífico Howard Gardner sobre que “cada sociedad y persona entiende lo que quiere entender”.

Antes de hablar del hundimiento del submarino les voy a romper un poco haciendo de curandero de sentimientos negativos. Esperé a la eliminación de la selección de fútbol para invitarlos a celebrar con San Agustín su razonada sentencia de que “los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el error”. Me explico. En que mente desquiciada cabe que un país desmoralizado puede enfrentar un reto deportivo con responsabilidad. El equipo albiceleste es el reflejo de una inmoralidad extrema. Creo, sinceramente, que no les falta nada al grupo de 20 y pico de millonarios que en un mes cobran más que 10.000 trabajadores en un año. Van temerosos. No quieren perder la papita rica si vuelven a sus equipos con una lesión. Es evidente que les importa un carajo el defender con pasión al país que los llevó al lugar que hoy tienen. Son, casi todos, igualitos al boludo que decía no deberle nada a Cristina. Se ganaba lo que tenía.

Les pido que no se cierren y que reflexionen un poco. Argentina no juega como un equipo. La mafia macrista que controla el fútbol centraba todo en Messi. Quedó demostrado que un solo jugador por más genial que sea no puede ganar un Mundial. Lo peor es ver que no había el más mínimo interés por armar jugadas al carecer de espíritu colectivo. Macri ganó las elecciones precisamente por romper el “todos” en beneficio del “yo”. El pobre infeliz que lo votó buscaba recibir un beneficio directo. Creía que votar a Macri era “hacer la mía”. Macri lo aisló de los vecinos para poder cagarlo bien de bien. Claro que muchos de ustedes esperaban mejorar con un candidato que sonreía mucho. Ya lo dijo hace unos siglos el gran Shakespeare: procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien. Se acordarán que con Cristina se llegó a la final en Brasil en relación directa con la posición de privilegio que ocupaba el país al tener el salario mínimo más alto de la región.

Habrán visto que no se habla más del submarino. Habrán visto que sigue en prisión la buena de Milagro. Habrán visto que se acabó el debate sobre el homicidio de Santiago Maldonado. Habrán visto que estamos en manos de unos delincuentes que son peor que los milicos porque te matan con el beneplácito del voto mayoritario en el Congreso. En el exterior salen noticias sobre las maniobras militares de U.S.A. con Chile que los llevaron a ustedes al fondo del mar. En los medios coimeros se oculta información o se miente descaradamente para proteger al supremo sacerdote de la Secta Macricida. Bueno, mis amigos, vamos a picar algo. Espero les guste la salsa de algas que preparé para acompañar el “krill” que me acaban de traer un par de ballenas amigas. Este crustáceo se parece mucho al camarón que comía en Fisterra el 25 de julio, día de la Patria y del Apóstol. Aquel era congelado ya que en el verano no hay marisco pero este: ¡Más fresco, imposible!

Espero vuelvan el mes próximo para seguir dándole vueltas al hundimiento del ARA San Juan en mi humilde hogar marino-malvinense.

Manuel Suárez Suárez


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