Autor/a: Manuel Suárez Suárez

El mar de las Malvinas en el mes de setiembre.

Manuel Suárez Suárez

Sean bienvenidos, una vez más, a este mi humilde hogar en el mar que rodea a las islas Malvinas. Veo que vinieron todos. Me alegra. Tengo preparada una pequeña fiesta de la Primavera. Entiendo que sigan desanimados pero allá arriba, la vida sigue. Creo que lo mejor es celebrar junto a nuestras familias porque como decía Buda hay tres cosas que no se pueden esconder: el sol, la luna y la verdad. Les aseguro que es así. Acá abajo tuve tiempo para reflexionar. Ustedes recibirán el reconocimiento que se merecen por parte del nuevo gobierno que salga de las urnas a finales del 2019. Los homicidas macristas serán juzgados y condenados, siempre que previamente saquen del orto al oscuro Rosacruz que está consiguiendo que me compadezca del inútil Ricardotano.

No crean que ando mejor que ustedes. Menos mal que ya estoy en el fondo del mar y más abajo no puedo ir. Ustedes saben que aunque que nací en la atlántica orilla norte de Galicia, en el hermoso municipio de Fisterra, tengo mi familia en Buenos Aires. Recibo información fresca desde el Puerto de San Julián de una vecina que viaja con frecuencia a la capital. Estoy al tanto de los acontecimientos relacionados con mis paisanos y de la actividad en el Centro Gallego de Buenos Aires. Lo que no tengo claro es la clase de virus que atacó a los socios. Antes criticaban al interventor La Blunda por esforzarse en tapar la herida de la deuda social y evitar sangre. Ahora aplauden al interventor Moyano por abrir la herida y la sangre llega a la vereda. Algo se me escapa.

Espero no aburrirlos pero después de mi chamuyada tengo preparado algo rico para merendar que estoy seguro les va a gustar mucho. Me envenena el ver que mis paisanos no aprendieron nada. A pesar de que casi todos pasan de los 70 años, actúan según le vienen los arrebatos infantiles. No razonan. Van a votar a unas elecciones truchas, armadas por el interventor, para que se puedan iniciar gestiones de venta de la propiedad. ¿Qué me contás? Hay algo que no cierra. Nosotros somos gente de casa propia, con un limonero en el frente del lado derecho. A la izquierda está la entrada para la cochera que queda un poco más atrás. El poseer un nido propio nos convirtió en argentinos al poder criar a los pichones.

Se me ocurre denominar a la atrofia que sufren estos infelices como el mal de los “desertores del limonero”. Ahora que aprendieron a pronunciar “country” con “a” no quieren que se los vincule con aquel aroma cítrico de cuando volvían, caminando, desde la escuela pública en uno de los muchos barrios del extenso partido de Avellaneda. A lo mejor me equivoco pero creo que acá está la clave que explica la meada fuera del tarro. Ningún descendiente de Galicia que tenga dos dedos de frente puede apoyar a un gobierno que está dinamitando el Centro Gallego. Ninguno puede decir que mejoró la atención médica desde que llegó Moyano. Siendo así, en vez de reaccionar en defensa de la propiedad social, van como posesos al Auto de fe para autorizar su propio martirio.

Bueno, se acabó la charla. ¡Vamos a la mesa! Quiero pedirles que se morfen hasta la última miga de la empanada de zorza que les preparé. Menos el pimentón que es murciano, todo lo demás es auténtico producto patagónico. Les cuento que el secreto de una buena empanada de zorza está en dejar macerando, la noche anterior al horneado, el chorizo colorado desmenuzado y entremezclado con la cebolla y el pimentón. Si lo desean, están invitados para una nueva cita reivindicativa el mes próximo. Necesito de vuestra presencia. Es necesario seguir dándole a la manija para que no se olvide a los valientes submarinistas del ARA San Juan.


Etiquetas: , , , ,